miércoles, 15 de mayo de 2013

Por el derecho a decidir

No es una obligación abortar, es un derecho que se puede ejercer o no. Nadie está obligado a ello. Los derechos se ejercen, se defienden, sólo impone su restablecimiento un juez cuando son vulnerados.

La deriva que en los últimos meses estamos sufriendo en la sociedad española nos retrotrae a los tiempos más rancios en los que sufrimos la presión de un tirano como gobernante y del nacional catolicismo como vigilante de nuestro destino terrenal, que no divino. Estamos en un retroceso ideológico y de derechos como no se han conocido en los últimos 40 años. Vamos, que tengo miedo a encender la televisión y que sea en blanco y negro, como en los 70. La mal llamada reforma de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo, es una derogación de dicha ley, por muchos eufemismos que utilicen. Es, ni más ni menos, una vuelta a que las mujeres seamos tratadas como si necesitásemos ser tuteladas porque somos inferiores y no sabemos lo que hacemos con nuestro cuerpo; tienen que defendernos de la “violencia estructural”, (los hombres sí, ellos saben lo que hacen, no necesitan ninguna defensa ni tutela, por eso el PP no ha prohibido que se realicen la vasectomía).


Las mujeres que abortamos somos tontas que no valemos para tener formación académica, algo etarras pero no demasiado y pensamos más en los embriones de cefalópodos que en nosotras mismas. Con la nueva Ley, tendremos que hacer movilidad exterior con espíritu aventurero y viajaremos para abortar en Londres como en el siglo pasado. Pero como la gran mayoría no tenemos trabajo, ni ingresos diferidos ni simulados, ni prestación por desempleo, rezaremos a la Virgen del Rocio para que nos eche un capote, pondremos velas, que reconforta mucho según TVE y terminaremos yendo a un portal a que nos hagan un escarnio, mutilándonos y, en el peor de los casos, muriéndonos al cabo de unos días, desangradas.

Éso sí, tendremos un mayor número de nacimientos con malformaciones, en muchos casos incompatibles con la vida, y si su malformación les permite sobrevivir lo que no tendrán es el derecho a la dependencia, que ya no existe. Ese derecho ya le han matado. En fin, que nos espera un futuro muy prometedor.

Por todo éso no quiero que me defiendan, ni tampoco a mis hijas, nietas, hermanas, sobrinas, amigas… pero sí quiero rogar al partido que gobierna que dedique todos sus esfuerzos a solucionar los problemas de cintura para arriba, como es tener trabajo para comer y que deje los de cintura para abajo a las conciencias individuales, sin injerencias ideológicas.

Enviado por Duna Roja

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